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Las prostitutas destapan la ambigüedad del Gobierno: «No nos han ilegalizado»



Sábado 22 de septiembre de 2018, por (abc)

Con CIF propio, registrado como sindicato y con una citación de la Audiencia Nacional para el próximo 14 de noviembre. Esta es la situación actual de la segunda experiencia en Europa de un sindicato conformado por trabajadoras sexuales, después del francés, que cuenta con 2.000 personas afiliadas, respondió a ABC uno de sus integrantes, Juan Florián, colombiano de 35 años. El sindicato OTRAS ha desembarcado esta semana en Madrid, y después de pedir «audiencia» con todos los grupos políticos, «solo» ha logrado reunirse con Podemos y Ciudadanos. «Agradecemos su valentía», dijo Concha Borrell, secretaria general de la entidad. El Gobierno no ha dado la cara tras el «gol» que reconoció la ministra de Trabajo le había colado el sindicato al registrarse.

Por ello, arremeten con fiereza contra el Ejecutivo socialista, el mismo que registró el sindicato, lo publicó en el BOE y luego forzó la dimisión de la alta directiva que cumplimentó el trámite, la exdirectora general de Trabajo, Concepción Pascual. «Nadie nos ha anulado. Seguimos estando registradas y estamos haciendo historia. Somos guerreras y no nos callarán. Estamos trabajando, ilegales no somos y damos la cara», destapó Borrell en la presentación del sindicato en la capital.

Un Estado feminista
«Ni le hemos colado un gol a una ministra ni nos han ilegalizado ni pueden hacerlo en base a la legalidad», rubricó con rotundidad Borrell. El sindicato está realmente enfadado contra un Ejecutivo que «se presentó como feminista y es abolicionista. Son políticos que dicen que es ilícita la prostitución y luego les sorprende que montemos un sindicato». Pero «cuando algo no funciona hay que cambiarlo», emplazó la prostituta catalana.

«Al Estado no le importamos en absoluto. La izquierda no se preocupa de los derechos de las mujeres más vulnerables; no somos muñecas de trapo», aseveraron las portavoces de OTRAS. Ayer mismo, a Isabel Celaá, ministra portavoz del Gobierno, se le preguntó tras el Consejo de Ministros por su posición al respecto de la prostitución y Celaá señaló que están «en contra» y no legalizarán un sindicato de trabajadoras del sexo, aunque no aclaró si está preparando una ley para prohibirla o perseguir al cliente, como se hace en Suecia.

Sabrina Sánchez, secretaria de organización de OTRAS, quiso derribar ideas preconcebidas en torno al colectivo. «No habrá menos trata porque se pretenda terminar con los pocos derechos que tenemos», enfatizó. «En mi experiencia -continuó-, trabajando en Bélgica, Alemania, Francia, Holanda y España, me habré topado con dos o tres casos de trata». «Somos putas de manera voluntaria y ganamos más que con nuestras profesiones, la mía es periodista. La vida está así: hemos de trabajar, como el 99% de las personas», afirmó Sabrina, al tiempo que en la sala se coreaban eslóganes como «Putas unidas, jamás abolidas» y «Ninguna puta sin trabajo».

Ellas hablan de otra explotación: la del empresrio. Evelyn y sus compañeras del club Flowers de Madrid iniciaron una huelga de celo, y han visto cómo la Justicia ha tumbado las diligencias que emprendieron contra el dueño del lupanar, que les controlaba «cuándo comían, dormían e iban al baño». «Nuestros derechos no son reconocidos y tenemos verdaderos problemas laborales», se quejó en conversación con ABC.

«Las putas [hombres y mujeres se identifican, curiosamente, con el término femenino] somos explotadas con el beneplático de los que pueden impedirlo y no lo hacen», acusó Borrell, arropada en el acto por actrices porno, trabajadores de salas de masajes eróticos, masajistas tántricas y prostitutas de la calle como en polígonos de la población madrileña de Villaverde. Borrell no aclaró cuántas personas podrían sindicarse en OTRAS, si bien aseguró que ya tienen «lista de espera».

«Respetamos a los Cuerpos de Seguridad del Estado como para saber que ellos no permitirían que siguiésemos en libertad si tuviésemos que estar en la cárcel. Lo considera oportuno un partido político, unas ministras o un gobierno entero», volvió a arremeter Borrell.Por su parte, Florián alardeó ante sus compañeras de las ventajas de estar sindicados en Francia. Según su relato, cuentan con cobertura médica y un programa de atención especial, además de lecciones de autodefensa y controles gratuitos de enfermedades de transmisión sexual.

IGNACIO GIL
Ellos sufren menos violencia
Sabrina Sánchez exige en la rueda de prensa que se ponga «fin a la violencia» contra las trabajadoras sexuales, especialmente las trans e inmigrantes. La escucha agazapada Lorena. Esta ecuatoriana no ve claro lo de «sindicarse». No quiere ser fotografiada porque su hija de 5 años no sabe a qué se dedica de 9.00 a 17.00 horas, a plena luz, en la calle Ballesta de Madrid. El padre la abandonó.

«Los hombres y clientes nos tratan súperbien. Lo peor es la hipocresía con que nos hablan las mujeres; pero entre nosotras nos apoyamos». Luigi, compatriota de 36 años (en la imagen) corrobora que el trabajador masculino «es un privilegiado», por el trato, el sueldo y la nula violencia que sufren.


Ver en línea : https://www.abc.es/sociedad/abci-pr...

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